{"id":22500,"date":"2018-04-28T00:31:25","date_gmt":"2018-04-28T03:31:25","guid":{"rendered":"https:\/\/informateesquina.com\/?p=22500"},"modified":"2018-04-28T00:31:25","modified_gmt":"2018-04-28T03:31:25","slug":"se-animo-a-denunciar-la-venta-de-drogas-en-la-carcel-lo-mataron-de-seis-punaladas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/informateesquina.com\/?p=22500","title":{"rendered":"Se anim\u00f3 a denunciar la venta de drogas en la c\u00e1rcel: lo mataron de seis pu\u00f1aladas"},"content":{"rendered":"<h3>Sebasti\u00e1n Medina confes\u00f3 que vend\u00eda para los guardias del Servicio Penitenciario de Tucum\u00e1n. Lo protegieron unos d\u00edas y lo entregaron a la muerte. Ahora hay oficiales presos y un juez en la mira.<\/h3>\n<p>S\u00f3lo ten\u00eda que sobrevivir una semana m\u00e1s.<\/p>\n<p>Pero la conspiraci\u00f3n era demasiado grande.<\/p>\n<p>Sebasti\u00e1n Medina (31) cay\u00f3 preso en 2013 en Tucum\u00e1n, en la que ser\u00eda<strong> la \u00faltima de las varias ca\u00eddas que tuvo su vida<\/strong>. Le dieron cinco a\u00f1os y medio por robo calificado y lo enviaron al penal de Villa Urquiza.<\/p>\n<p>No hubo un d\u00eda de visitas en el que Ana, su mujer, no estuviera ah\u00ed.<\/p>\n<p>El primer a\u00f1o en el penal pas\u00f3 sin grandes novedades. Sebasti\u00e1n, que ya ten\u00eda problemas de adicci\u00f3n, se enred\u00f3 en esa paradoja tan argentina de conseguir m\u00e1s y mejor droga adentro de prisi\u00f3n que afuera. Ana recuerda que se hizo aficionado a la \u201calita de mosca\u201d, <strong>una variante de coca\u00edna ultra adictiva<\/strong> que inunda el pa\u00eds desde hace unos a\u00f1os. Su nombre se debe al cosquilleo -el aleteo- que provoca bajo la piel.<\/p>\n<p>Al tiempo <strong>le ofrecieron vender lo mismo que consum\u00eda<\/strong>.<\/p>\n<p>Parec\u00eda f\u00e1cil. Y lo era. Sebasti\u00e1n s\u00f3lo ten\u00eda que ir los d\u00edas de visita -mi\u00e9rcoles y domingos- a la panader\u00eda del penal y all\u00ed le entregaban las drogas que ten\u00eda que vender entre sus compa\u00f1eros de encierro: \u201calita\u201d, marihuana y pastillas. Tambi\u00e9n le daban lo que le correspond\u00eda a \u00e9l por involucrarse en eso.<\/p>\n<p>Mil pesos. <strong>Y un par de dosis<\/strong>.<\/p>\n<p>Un guardia le entregaba la mercader\u00eda y otro se ocupaba de pedirle que rindiera cuentas. Ana recuerda que cada vuelta <strong>eran unos 10.000 pesos que juntaba y entregaba<\/strong>.<\/p>\n<p>Sin embargo, el camino se le empez\u00f3 a hacer arduo a Sebasti\u00e1n. Ana no quer\u00eda que se drogara m\u00e1s, lo ve\u00eda cada vez m\u00e1s complicado y le rogaba que dejara. Se acercaba tambi\u00e9n el tiempo de su libertad y necesitaba estar entero para cuando se le abriera la puerta. Y as\u00ed fue como, a mediados del a\u00f1o pasado, <strong>intent\u00f3 salirse de su rol de vendedor.<\/strong><\/p>\n<p>Pero eso era algo que nadie quer\u00eda. Sebasti\u00e1n hizo un primer intento y lo amenazaron con negarle los permisos de visita a Ana. Hizo otro y le anticiparon que exist\u00eda la posibilidad de que a su mujer le \u201cplantaran\u201d algo cuando fuera a verlo. Volvi\u00f3 a hablarlo y le anticiparon que le llenar\u00edan el legajo de malos antecedentes para alejarlo de la libertad.<\/p>\n<p>Ana le pidi\u00f3 que no aflojara y Sebasti\u00e1n sigui\u00f3 intentando. Fue a ver a un jefe del penal y denunci\u00f3 lo que estaba ocurriendo. Entr\u00f3 a su oficina, le dio nombres, lugares, horarios y situaciones y volvi\u00f3 a su celda. Se tir\u00f3 en un camastro y enseguida se le aparecieron tres guardias a hacerle una requisa. Lo revisaron y le encontraron un celular que, seg\u00fan cuenta hoy su esposa, ellos mismos le hab\u00edan dado. La falta le vali\u00f3 el traslado a un sector de m\u00e1xima seguridad y el fin de toda comodidad.<\/p>\n<p>Lo \u00fanico que no le cambiaron fue <strong>la obligaci\u00f3n de traficar<\/strong>.<\/p>\n<p>Ana se dio cuenta pronto de que Sebasti\u00e1n corr\u00eda el riesgo de no salir nunca de ah\u00ed. Desesperada, fue a ver al juez de Ejecuci\u00f3n que ten\u00eda a cargo a su marido, Roberto Guyot, y le pidi\u00f3 que lo entrevistara.<\/p>\n<p><em>-Sac\u00e1melo de ah\u00ed, me lo van a matar<\/em>, le rog\u00f3.<\/p>\n<p>El juez, asegura Ana, fue a ver a Sebasti\u00e1n y se encontr\u00f3 con lo que el preso ten\u00eda para mostrarle: las drogas que le entregaban los guardias. Otro detenido se sum\u00f3 a la denuncia y as\u00ed lograron que un guardia fuera separado de su puesto. Pero <strong>nada m\u00e1s.<\/strong><\/p>\n<p>Lo que sigui\u00f3 fue una paliza feroz para Sebasti\u00e1n, que termin\u00f3 con la espalda hecha un solo moret\u00f3n, hematomas en los costados y la cara rayada como si se la hubieran dibujado de rojo sangre. Ana contrat\u00f3 un abogado y le pidi\u00f3 que hiciera algo. El letrado present\u00f3 un \u201chabeas corpus correctivo\u201d y pidi\u00f3 un cambio urgente del lugar de detenci\u00f3n, en un escrito en el que tambi\u00e9n aport\u00f3 los nombres de tres guardias -incluso acus\u00f3 a uno de ellos de haber ido a buscar una coima a la casa de su clienta-, describi\u00f3 el motivo de la golpiza y <strong>solicit\u00f3 la intervenci\u00f3n del fiscal de turno.<\/strong><\/p>\n<p>Tambi\u00e9n habl\u00f3 del futuro.<em> \u201cHubo un intento de homicidio ordenado por el personal penitenciario que no lleg\u00f3 a su objetivo porque un compa\u00f1ero <\/em>(dio el nombre) <em>lo defendi\u00f3 y se interpuso delante de los agresores, recibiendo \u00e9l las pu\u00f1aladas que iban con destino\u201d<\/em> a Sebasti\u00e1n, se\u00f1al\u00f3 el escrito, al que accedi\u00f3 <strong>Clar\u00edn<\/strong>.<\/p>\n<p>Eso fue a fines de agosto pasado. El juez Guyot orden\u00f3 de inmediato sacar a Sebasti\u00e1n del penal de Villa Urquiza y alojarlo en la comisar\u00eda 7\u00b0 de la capital tucumana, donde quedar\u00eda lejos del alcance de los guardias.<\/p>\n<p>O, al menos,<strong> eso parec\u00eda<\/strong>.<\/p>\n<p><em>\u201cYo ah\u00ed ya pens\u00e9 que no iba a pasar nada\u201d<\/em>, dice Ana. <em>\u201cEst\u00e1bamos tan contentos\u201d<\/em>.<\/p>\n<p>La \u00fanica nube que aparec\u00eda en el cielo era la demora de la Justicia Federal para citar a Sebasti\u00e1n a ratificar su denuncia por tr\u00e1fico de drogas dentro de la prisi\u00f3n. Ana y \u00e9l esperaban que<strong> alg\u00fan fiscal los llamara<\/strong> para entregar oficialmente los nombres de una lista de guardias que el preso hab\u00eda ido elaborando a mano. Eran 20.<\/p>\n<p>La libertad empez\u00f3 a acercarse. Estaba ah\u00ed, a una semana nada m\u00e1s. Casi la pod\u00edan tocar. El domingo 22 de noviembre, Ana fue a la comisar\u00eda a llevarle la comida a Sebasti\u00e1n. Pero cuando quiso dejarla,<strong> le anunciaron el final.<\/strong><\/p>\n<p>Un cami\u00f3n del Servicio Penitenciario se hab\u00eda llevado a Sebasti\u00e1n rumbo al Anexo I del penal de Villa Urquiza.<\/p>\n<p>No era el \u00fanico que estaba llegando al Anexo I aquel d\u00eda.<\/p>\n<p>El 27 de marzo de 2014, en el barrio Victoria de la capital tucumana, Alejandro \u201cPichi\u201d Mendoza (18) se cruz\u00f3 en el camino de dos chicas y las amenaz\u00f3 para robarles. Una de ellas, la juje\u00f1a Melanie Williams (23), se le tir\u00f3 encima y \u00e9l le clav\u00f3 un cuchillo en el coraz\u00f3n con tanta precisi\u00f3n que cuando extrajo la hoja tambi\u00e9n se llev\u00f3 su vida.<\/p>\n<p>\u201cPichi\u201d Mendoza estuvo dos meses pr\u00f3fugo, durante los que sigui\u00f3 robando. Por fin lo atraparon, fue a juicio y en marzo de 2016 lo condenaron a 18 a\u00f1os de c\u00e1rcel. Jugado y dispuesto a todo, convertido en<strong> lo que en la jerga llaman \u201ccabeza de fierro\u201d<\/strong>, mientras esperaba nuevas sentencias se puso bajo las \u00f3rdenes de los guardias. Alojado en Villa Urquiza, en la ma\u00f1ana de aquel domingo 19 de noviembre del a\u00f1o pasado se autoprovoc\u00f3 lesiones y los penitenciarios lo trasladaron al Anexo I.<\/p>\n<p>Al enterarse de que se hab\u00edan llevado a Sebasti\u00e1n a Villa Urquiza, Ana crey\u00f3 morir:<\/p>\n<p><em>-\u00bfEst\u00e1n locos ustedes? \u00bfQui\u00e9n lo orden\u00f3?<\/em><\/p>\n<p><em>-Recibimos un llamado de la secretaria del doctor Guyot<\/em>, respondieron en la comisar\u00eda.<\/p>\n<p>No tuvo que pensar mucho para saber que era mentira. Ana corri\u00f3 al penal de Villa Urquiza y pidi\u00f3 ver a Sebasti\u00e1n, pero<strong> le dijeron que no hab\u00eda llegado<\/strong>. Desamparada, sin noticias, tuvo que irse.<\/p>\n<p>Al otro d\u00eda era feriado. No hab\u00eda nadie en el juzgado de Guyot. Tampoco alguien dispuesto a darle respuestas en el penal.<\/p>\n<p><em>-Ana, sacame de aqu\u00ed, me van a matar<\/em>, la llam\u00f3 Sebasti\u00e1n por tel\u00e9fono p\u00fablico.<\/p>\n<p><em>-Nadie me da bola, Sebasti\u00e1n<\/em>, le confes\u00f3 ella.<\/p>\n<p>Tuvo que esperar al martes Ana, pero cuando lleg\u00f3 al juzgado le dijeron que el juez Guyot y su secretario estaban<em> \u201cen un curso\u201d<\/em>.<\/p>\n<p><em>-Me est\u00e1 pidiendo por favor mi marido que lo saquen de ah\u00ed, que me lo van a matar<\/em>, rog\u00f3.<\/p>\n<p>No la ayudaron. La mujer volvi\u00f3 al penal y logr\u00f3 entrar a la visita, s\u00f3lo para encontrarse con Sebasti\u00e1n reventado a golpes: en el cami\u00f3n de traslado lo hab\u00edan molido. Ten\u00eda moretones en todo el cuerpo y, sobre todo, en el bajo vientre. No pod\u00eda orinar. Ana recuerda que ella s\u00f3lo pod\u00eda llorar, mientras su marido le ped\u00eda que le presentara al juez Guyot un habeas corpus manuscrito por \u00e9l mismo.<\/p>\n<p><em> \u201cMe trajeron al penal, a d\u00f3nde me quieren matar todos\u201d<\/em>, dice esa carta. <em>\u201cLos polic\u00edas y los internos ya me dijeron que me van a matar y en ninguna unidad puedo vivir. Ac\u00e1 me pega la polic\u00eda y todos los presos est\u00e1n en mi contra\u201d<\/em>, se\u00f1ala. <em>\u201cNecesito que me den una audiencia en car\u00e1cter urgente y que me saquen del penal, porque est\u00e1 todo mal conmigo\u201d<\/em>, avisa.<\/p>\n<p><em>\u201cMi alma no est\u00e1 tranquila\u201d<\/em>.<\/p>\n<p>Ana fue del penal al juzgado, pero el juez no apareci\u00f3. Al d\u00eda siguiente, mi\u00e9rcoles 22, regres\u00f3 a primera hora. Entreg\u00f3 la carta. Llor\u00f3. Se arrodill\u00f3. Volvi\u00f3 a llorar. A las 12.30 la llam\u00f3 Sebasti\u00e1n.<\/p>\n<p><em>-Por favor sacame. Me van a matar<\/em>, le rog\u00f3.<\/p>\n<p>La mujer se desesper\u00f3. Fue a buscar a su hija al colegio, le dio de comer y regres\u00f3 al penal. Su marido la llam\u00f3 otra vez, ahora para contarle que hab\u00eda visto c\u00f3mo un preso, \u201cMachilo\u201d, le pasaba una arma a \u201cPichi\u201d Mendoza en el ba\u00f1o.<\/p>\n<p><em>-Ana, me van a matar<\/em>, le confirm\u00f3.<\/p>\n<p>Una hora despu\u00e9s, familiares de otros presos salieron del penal y se toparon con ella.<em> \u201cNos sacaron porque hubo una pelea\u201d<\/em>, le dijeron.<\/p>\n<p>La mujer supo enseguida lo que hab\u00eda ocurrido. Les pregunt\u00f3 a los guardias pero no le respondieron. Corri\u00f3 al hospital m\u00e1s cercano y ah\u00ed, cayendo la noche, le revelaron lo que ya sab\u00eda.<\/p>\n<p>Ese mediod\u00eda, \u201cPichi\u201d Mendoza hab\u00eda apu\u00f1alado a otro preso en el Anexo I. Pese a eso, lo hab\u00edan dejado seguir en circulaci\u00f3n. Por la tarde, cerca de las 16, a Sebasti\u00e1n<strong> lo mandaron al patio de recreo<\/strong>, un lugar donde suele haber una garita con cuatro guardias y otros seis entre los presos. Sin embargo, ninguno pudo ver lo que ocurri\u00f3.<\/p>\n<p>Seis pu\u00f1aladas le bastaron a \u201cPichi\u201d Mendoza para matar a Sebasti\u00e1n.<\/p>\n<p>Horas despu\u00e9s, la abogada Silvia Furque le contaba a toda la prensa tucumana la verdad.<\/p>\n<p>El director de Institutos Penales de la provincia, Guillermo Snaider, sali\u00f3 a responderle.<em> \u201cNo podemos descartar ninguna hip\u00f3tesis. Sin embargo, creemos que los problemas existen desde hace mucho tiempo. Ambos eran oriundos del barrio Victoria y habr\u00edan estado enemistados por problemas entre familias\u201d<\/em>, asegur\u00f3 a <strong>La Gaceta<\/strong>. Le preguntaron por qu\u00e9 hab\u00edan trasladado a Sebasti\u00e1n desde la comisar\u00eda y volvi\u00f3 a mentir. <em>\u201cHubo un principio de mot\u00edn en esa dependencia y por eso fue trasladado nuevamente al penal. No sab\u00edamos cu\u00e1l era el motivo, s\u00f3lo cumplimos con el pedido del juez Guyot\u201d<\/em>.<\/p>\n<p>El esc\u00e1ndalo estall\u00f3 y Snaider suspendi\u00f3 a 14 guardias. Pero lo imputaron por \u201cdesobediencia judicial\u201d e \u201cincumplimiento de los deberes\u201d y renunci\u00f3 a su puesto. La fiscal Adriana Giannoni avanz\u00f3 contra \u00e9l y contra dos jefes del penal de Villa Urquiza, Fernando Cisterna y Walter Pato, a quienes logr\u00f3 encarcelar como presuntos responsables del plan para matar a Sebasti\u00e1n. En tanto, la Suprema Corte abri\u00f3 una investigaci\u00f3n contra el juez Guyot, quien antes de ser juez<strong> fue director del Servicio Penitenciario.<\/strong><\/p>\n<p>La causa por venta de drogas en el penal reci\u00e9n empez\u00f3 a avanzar tras la muerte de Sebasti\u00e1n. Como \u00e9l nunca fue citado a contar lo que sab\u00eda, ahora hicieron declarar a su esposa. <strong>Y al otro preso que se anim\u00f3 a denunciar a los guardias<\/strong>, cuyo nombre permanece en secreto.<\/p>\n<p>Por ahora.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sebasti\u00e1n Medina confes\u00f3 que vend\u00eda para los guardias del Servicio Penitenciario de Tucum\u00e1n. Lo protegieron unos d\u00edas y lo entregaron a la muerte. Ahora hay oficiales presos y un juez en la mira. S\u00f3lo ten\u00eda que sobrevivir una semana m\u00e1s. Pero la conspiraci\u00f3n era demasiado grande. 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