Seis hábitos para reducir el riesgo de tener alzhéimer
¿Por qué no comer grasas trans afecta al cerebro?
El estudio hizo un seguimiento de ocho años a cerca de 200.000 personas de entre 60 a 74 años, en Reino Unido. Los datos sobre su estilo de vida se evaluaron principalmente con relación a cuatro aspectos: tabaquismo, actividad física, consumo de alcohol y dieta. Los investigadores hicieron el análisis a través de muestras de sangre y de un perfil genético, que determinó si los participantes tenían un riesgo alto o bajo de padecer alzhéimer. La investigación encontró que las probabilidades de desarrollar demencia eran un 32% más bajo en personas con un alto riesgo genético si habían seguido un estilo de vida saludable, en comparación con aquellos que no (los científicos definieron como peor estilo de vida el de los fumadores, bebedores habituales que no practicaban ejercicio y que no seguían una dieta equilibrada). Si ahora te viene a la mente algún familiar o amigo que no probó una gota de alcohol, que no fumó un cigarrillo en su vida, que caminaba a diario y que comía poco y sano, pero a quien tristemente le alcanzó la enfermedad, el autor principal del estudio, David Llewellyn, advierte en el artículo: "No hay garantías, algunas personas hicieron todo lo correcto y aún así desarrollaron demencia. Pero lo que sugieren nuestros hallazgos es que puede ser posible reducir su riesgo en aproximadamente un tercio viviendo un estilo de vida saludable, independientemente de su riesgo genético".

¿Pero cuál es exactamente el vínculo entre estilo de vida y nuestro sistema cognitivo? Por ejemplo, ¿por qué no comer grasas trans va a afectar a mi cerebro? Pues resulta que hay enfermedades neurodegenerativas que se caracterizan por un procesamiento anormal de proteínas cerebrales, procesos que, por otra parte, aún no se conocen bien y que se producen por la conjunción de factores genéticos, cardiovasculares, inflamatorios, nutricionales y psicológico-sociales. "La nutrición, la mejora en nuestras habilidades sociales y una reducción en la exposición a tóxicos modificarían estos procesos, lo que se engloba en el término de envejecimiento cerebral saludable", explica el neurólogo del Hospital Universitario Ramón y Cajal Guillermo García Rivas.
El médico explica en qué consisten la resistencia y la resiliencia, los dos conceptos que se dan en las enfermedades neurodegenerativas. "Por resistencia se entiende la ausencia de enfermedad en el cerebro, y por resiliencia se entiende la capacidad que tenemos de amoldarnos a su presencia sin que presentemos un deterioro cognitivo. Este último concepto tiene que ver con la reserva cognitiva y con las observaciones de la poca correlación que existe entre la carga lesional presente en un cerebro determinado y el grado de deterioro cognitivo. Esto quiere decir que hay personas que tienen alteraciones patológicas cerebrales y sin embargo apenas tienen deterioro". Entonces, ¿puede decirse que posiblemente la adopción de hábitos de vida saludable aumente más nuestra resiliencia que nuestra resistencia? "Efectivamente, es posible que la adopción de hábitos de vida saludables y una modificación en nuestros hábitos nutricionales faciliten una mayor conectividad neuronal o aumenten la capacidad de nuestra reserva cognitiva, que estarían más relacionados con un incremento de la resiliencia que el disminuir o evitar la agregación de proteínas anormales, que tendría más que ver con la resistencia", explica Rivas.
¿Y qué ocurre con otro tipo de demencias? ¿Se puede aplicar este planteamiento a los enfermos que padecen demencia vascular, frontotemporal o por cuerpos de Lewy? "Es cierto que la gran mayoría de los estudios que se han realizado a la hora de intentar identificar los factores de riesgo y encontrar posibles factores protectores que ayuden a prevenir demencias se han centrado, sobre todo, en el alzhéimer, al ser la que afecta a más personas. Pero, en todo caso, estos factores de riesgo que se han identificado también tienen gran impacto en la probabilidad de desarrollar cualquier otro tipo de demencia", explica Sagrario Manzano. "Es fundamental que en materia de prevención actuemos sobre los factores de riesgo que ya conocemos, y eso implica que cualquier individuo debe adoptar una posición protagonista sobre su estado de salud. Si no cuidamos nuestro cerebro tendremos más probabilidades de desarrollar demencia, sobre todo enfermedad de Alzheimer, en edades avanzadas de la vida", continúa la especialista.
Las claves para prevenir la demencia
La prevención consiste en llevar un estilo de vida saludable para conseguir envejecer mejor, y no se trata de atajar un solo factor de riesgo (dejar de fumar, por ejemplo), sino todos ellos juntos. La portavoz del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología, Sagrario Manzano, enumera lo que podemos comenzar a hacer ya mismo para prevenir la enfermedad.
Ejercicio físico, una costumbre vital
Muchos estudios avalan que un ejercicio físico regular y no explosivo se asocia a un mantenimiento de la función cognitiva, y a un retraso del comienzo del alzhéimer. Un estudio que reunió los resultados de 29 ensayos clínicos desveló que el ejercicio aeróbico puede mejorar a corto plazo el rendimiento de adultos sanos en su memoria, atención y velocidad de procesamiento en comparación con la práctica de otro ejercicio no aeróbico, como los estiramientos o la tonificación.