Por machistas, poco saludables o literalmente inútiles. Quince mujeres describen el presente que les horrorizó.
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Un perfume de imitación Belinda (42 años): Como mamá de tres niños menores de 6 años a tiempo completo, me ilusiona celebrar el Día de la Madre, y mis expectativas son altas. No soy materialista, pero hace un par de años un perfume sin marca, de imitación, con un olor fortísimo a especias, me dejó helada. Lo peor fue al darle la vuelta al frasco y leer ‘prohibida su venta’. -

Una batidora Francisca (50 años): Mi primer Día de la Madre, cuando mi hijo tenía apenas dos meses y mis hormonas aún estaban haciendo de las suyas, rompí a llorar cuando me regalaron una batidora. Es cierto que un día, mientras hacíamos la compra, le comenté a mi pareja que necesitábamos una nueva, pero nunca imaginé que aprovecharía esa fecha y ese momento para comprarla. Otro regalo machista, como también lo son las planchas, las aspiradoras, las tostadoras, etc. Algunos están fomentados por grandes centros comerciales o tiendas online con eslóganes machistas, que identifican a la mujer con las tareas para el hogar.
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Una muñeca de porcelana Antonia (62 años): Cuando mis hijas eran pequeñas, quisieron hacerme un regalo con el dinero de su paga. No tenían mucho, la verdad, pero les hacía ilusión que su padre las llevara a la tienda y que fueran ellas las que eligieran. Que quede claro que se lo agradezco, fue un detalle, pero no podían haber elegido nada más feo: una muñeca de porcelana, de esas que provocan pesadillas (por lo menos a mí).
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Un vestido… de liquidación Teresa (41 años): Mi hijo me regaló un vestido precioso, pero dos tallas más pequeño. Era de una marca carísima y me sorprendió, pero al ver el error de la talla (era una 38 y yo estoy entre la 42 y 44) le dije: ‘Cariño, es un regalo fantástico, pero papá va a tener que ir a cambiarlo por otro un poquito más grande’. Mi marido rápidamente matizó: ‘No, no aceptan cambios porque estaba en liquidación, pero era una buena ganga y pensé que ya perderás unos kilillos este verano’. Me dejó sin respuesta, y me sentí un poquito insegura. -

Un videojuego Verónica (49 años): Mi hijo, de 14 años, me llevaba preguntando un día sí y otro también si le podía comprar el videojuego ‘Battlefield’. Era un bombardeo constante, pero mi respuesta siempre era la misma: ‘Absolutamente no, es para jugadores de 18 años’. Llegó el Día de la Madre, y evidentemente me lo regaló. Me hizo reír como hacía mucho tiempo que no lo hacía. -

6Unos bombones (sin envolver) Mirta (51 años): Cualquier cosita me va a hacer feliz, eso lo sabe mi familia, pero hay algo que no puedo soportar: un regalo sin envolver. Cuando, el año pasado, mis hijos me llevaron a la cama una caja de bombones sin ningún envoltorio, me desilusioné. Sobre todo porque demuestra desinterés, como que lo han comprado deprisa y corriendo. Nadie puede negar que hay algo especial en un paquete envuelto, ya que crecen las expectativas y se crea todo un ritual del que disfruta el homenajeado. Lo confirma un conocido estudio realizado hace dos décadas sobre la apreciación del regalo según el envoltorio, realizado por el profesor de Mercadotecnia de la Universidad Metodista de Dallas (EE UU), Daniel Howard. Este psicólogo realizó un experimento que consistía en dar el mismo regalo a un determinado grupo de personas, pero unos lo habían recibido en una bolsa de plástico, y otros en una cajita con un lazo muy pomposo. ¿Adivinan qué grupo fue el que tuvo mejores sensaciones sobre el mismo producto?
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