Un hombre de amplio prontuario delictivo fue detenido ayer, en la capital provincial, bajo la acusación de un abuso sexual, cometido el año pasado en contra de su hija menor de edad.

Miguel Ángel S., de 46 años, sumó así una nueva captura a su extensa lista de antecedentes penales. Antes, estuvo preso por casos de asalto a mano armada y hurto.
De acuerdo a fuentes consultadas por diario época, en diciembre, la Justicia libró una orden de captura sobre este sujeto a quien la Policía cataloga como de suma “peligrosidad”.
Efectivos de la Dirección de Investigación Criminal (DIC) estuvieron abocados a la búsqueda.
En los últimos días, consiguieron los datos necesarios para ubicar el domicilio en el que Miguel S. habría vivido durante los últimos meses.
Con una orden de allanamiento, los detectives rodearon un edificio de calle Pío XII al 1800, del barrio Sur. En un departamento de ese inmueble, sorprendieron al fugitivo.
Para conseguir el éxito del procedimiento y en caso de encontrar resistencia, fue necesaria la colaboración de la División de Infantería. Sin embargo, en el operativo no hubo mayores inconvenientes. Ante el factor sorpresa, el hombre ni siquiera tuvo chances de ofrecer resistencia, e incluso trascendió que estaba dormido al momento de la irrupción de los efectivos en la vivienda.
El crimen contra la integridad sexual de una menor de edad fue denunciado el año pasado.
Los exámenes médicos y psicológicos a la víctima, arrojaron certezas para imputarlo en el delito que es “agravado por el vínculo”. Entonces, las autoridades judiciales notificaron a la fuerza de seguridad de un pedido de detención.
Apenas supo de la acusación, Miguel S. abandonó su domicilio y encontró refugio en el edificio en el que ayer lo apresaron. Tal inmueble sería de un familiar.
Este sujeto pasó largo tiempo tras las rejas. Tiene en su haber diversas imputaciones de robos con empleo de violencia, hurtos y “entraderas”.
Uno de los ilícitos más recientes que habría cometido fue el asalto con la utilización de un arma de fuego en un kiosco del barrio Ongay.
Aquel hecho tuvo como víctima a un matrimonio de ancianos que resultó golpeado y maniatado, mientras que su perro caniche fue ultimado de un balazo.
La huella digital en una botella de cerveza con la cual Miguel S. habría ido a “comprar” a ese negocio sirvió para posar las sospechas sobre él. Si bien todo hacía presumir que se trataba del autor material del atraco, la falta de mayores pruebas valió su liberación.



















