Las víctimas son Demetrio de Nastchokine, de 79 años; su esposa Graciela Leonor Just, de 73; su hijo Andrés de Nastchokine, de 43 años; la pareja de Andrés, de nacionalidad francesa; y su hija de 4 años. El único sobreviviente fue el hijo menor de la pareja, un bebé de apenas un año, que fue trasladado en buen estado al Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez.
El reencuentro familiar había ocurrido el día anterior en el aeropuerto de Ezeiza y fue compartido en redes sociales por uno de los hermanos de Andrés. Había expectativa, alegría y emoción. Andrés, ingeniero de software, vivía desde hace años en Génova, Italia, donde trabajaba en el rubro tecnológico. Su pareja y sus hijos lo acompañaban en este viaje, que resultó fatal.

El hallazgo de los cuerpos ocurrió cerca de las 16.25 del martes, cuando una hija del matrimonio llegó a la casa al no obtener respuestas. Al abrir la puerta, se sintió mareada y pidió ayuda a un vecino, que llamó al 911. Al llegar, la Policía de la Comisaría Vecinal 11A ingresó con personal de Bomberos y encontró el horror: en el primer piso estaban Andrés, su esposa y su hija, sin signos vitales. En una cuna, el bebé seguía con vida.
En el segundo piso fueron hallados sin vida Demetrio y Graciela, los abuelos. Los bomberos abrieron las ventanas y ventilaron la vivienda. El SAME confirmó las muertes en el lugar.
La primera hipótesis es intoxicación por monóxido de carbono, producto de una pérdida de gas combinada con mala ventilación en un día extremadamente frío. El hecho se dio en el contexto de una ola polar que afecta a todo el país.



La familia de Nastchokine es conocida en Villa Devoto y tiene una historia particular. Son descendientes de nobles rusos que escaparon tras la Revolución de 1917. El propio Demetrio, nacido en Bélgica, era licenciado en Administración, magíster en Educación y docente del Colegio Militar de la Nación. En su casa se conservaban relatos y objetos familiares de generaciones pasadas, que ahora quedan marcados por esta tragedia.
La conmoción entre vecinos fue inmediata. Durante horas, hubo escenas de profundo dolor y abrazos frente a la casa de Sanabria. La historia familiar, de larga tradición, fue abruptamente truncada por un hecho tan silencioso como letal: el monóxido de carbono.
El caso quedó a cargo de la Fiscalía N.º 5 de la Ciudad, que inició una investigación para determinar las causas exactas del hecho, aunque todo apunta a una falla doméstica evitable.
Una visita esperada. Un hogar lleno de historia. Y un final devastador.
La tragedia de Devoto vuelve a alertar sobre los peligros invisibles que acechan en los hogares.



















