La comparsa Carú Curá volvió a brillar con fuerza en la segunda noche de los Carnavales Esquinenses 2026, celebrando sus 55 años de trayectoria con una imponente puesta en escena que reunió a más de 320 integrantes sobre la avenida Hipólito Irigoyen.
La tradicional “piedra verde” desplegó todo su brillo, ritmo y esplendor con una propuesta artística inspirada en la Leyenda de la Piedra Verde, una narrativa profundamente vinculada a la identidad cultural del río Corriente y a las tradiciones ancestrales de la región.
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El espectáculo contó además con la participación de la comparsa infantil Carú Curacitos, que aportó frescura, color y la presencia del semillero de futuras generaciones comparseras, reafirmando el espíritu familiar y comunitario que distingue a la agrupación. En esta edición, la soberana de Carú Curá es Bianca Traverso, mientras que la reina de Carú Curacitos es Consuelo Esquenón, quienes representaron con elegancia el espíritu de la comparsa y su continuidad generacional.
Uno de los momentos más emotivos de la noche fue la participación especial de 15 ex reinas de la comparsa, quienes volvieron a bailar en homenaje a los 55 años de historia, generando un clima de profunda emoción entre el público y reafirmando el legado cultural y afectivo que Carú Curá sostiene a lo largo del tiempo.
Durante su desfile, la comparsa transportó al público a los misteriosos Esteros del Iberá, cuna de las aguas que dan vida al río Corriente y que desembocan en el delta de Esquina, escenario donde se desarrolla la antigua leyenda que inspira esta edición. Bajo la protección de Yasý, la luna, y acompañada por los espíritus del monte, del agua y del cielo, la comparsa relató la historia de la mítica Piedra Verde, símbolo del equilibrio, la vida y la identidad colectiva del pueblo.
La puesta artística recreó el territorio sagrado de Ibí Marangatú, donde, según la leyenda, existe un jardín invisible que solo puede ser visto por almas puras, lugar donde la Piedra Verde renueva su energía vital. En escena también se destacaron figuras míticas como Caá Yarí, guardiana de los yerbatales y protectora del monte; los mensúes, representando la fuerza y el sacrificio de los trabajadores de la tierra; y los seres legendarios Yasý Yateré y Mbói Tu’i, custodios del orden natural y del equilibrio entre lo visible y lo misterioso.
Uno de los cuadros más impactantes fue la representación de los Mbópita, los seis dorados del río Paraná, guardianes nacidos del agua que simbolizan la fuerza, la memoria y la resistencia del río cuando defiende su esencia, lo que generó una ovación del público presente.
Con su presentación, Carú Curá dejó un mensaje claro: la Piedra Verde despierta cuando el pueblo se une, cuando suena el primer tambor y la celebración deja de ser solo fiesta para convertirse en identidad, historia y pertenencia.



















