Cuando se cumplan 40 años de la recuperación democrática, por primera vez desde entonces un radical gobernará Santa Fe: Maximiliano Pullaro aplastó al peronismo, sacándole una ventaja de casi 30 puntos, venciendo a Marcelo Lewandowski y humillando a Omar Perotti, el gobernador saliente y cabeza de la lista de diputados provinciales.
En números, la paliza se nota más: 1.022.059 para Pullaro; 539.959 para Lewandowski.
“Voy a dejar la vida estos cuatro años”, dijo Pullaro en su primer discurso como gobernador electo. No es una metáfora: la imposibilidad de reelección que tienen los gobernadores santafesinos es una picadora de carne que, para neutralizarla, requiere gestión y política de sucesión.
El radicalismo llega al poder con la marca Unidos para Cambiar, alianza que contiene a los socios nacionales de Juntos por el Cambio pero también al Partido Socialista, un sello histórico en una provincia de raigambre progresista.
La Unión Cívica Radical, socia activa de tres gobiernos encabezados por el socialismo, administrará la provincia litoraleña atravesada por una crisis de seguridad que llevó a su ciudad emblema, Rosario, a ser un río de sangre que la convirtió en la más violeta del país.
Quizá en esto último resida la explicación de por qué el candidato de Unidos para Cambiar a la intendencia rosarina, el actual jefe comunal Pablo Javkin, haya tenido que pelear voto a voto ante el kirchnerista Juan Monteverde, aliado de Juan Grabois.
A Javkin, Pullaro le prometió no dejarlo solo ante el flagelo del narco.



















